Por: Diana María Ardila Ocampo
Estaba parada en la puerta del lugar e iban entrando el
ataúd como si fuera una procesión, cargándolo de cada esquina sobre los hombros
de cuatro jóvenes que iban vestidos de gala. Mis familiares y amigos iban
detrás, con ramos de rosas y lagrimas en sus ojos. La mayoría de ellos venían
vestidos con trajes negros, esparciendo la tristeza por todo el lugar. Sin
embargo, había una pareja que nunca había visto en mi vida, e iban entrando de
últimas vestidos de blanco.
Al ingresar, lo hicieron con la cabeza agachada mirando al
suelo, tomando asiento en las sillas que estaban más alejadas de los demás,
y ahí se quedaron. Sentía curiosidad y
quería acercarme hablar con ellos, pero en ese momento recordé que estaba
muerta, que estaba en mi propio funeral.
Me puse hacer memoria si en algunos de mis tantos viajes a
países extranjeros, los había visto. Y en esas me tope con la extraña sensación de
que me estaban observando.
¿Podían verme? Me pregunté, sin embargo la pareja siguió
ahí, sin gesto alguno, ni sentimiento de tristeza o melancolía. Me acerque un
poco, cuando se levantaron y salieron del lugar. Me apresure a alcanzarlos, y
cuando salí voltee a ver ambos lados y ya no estaban, sintiendo una gran
decepción, volví a dentro, cuando empecé a oír unas voces.
-Es hora de que
sepas la verdad. Dijo una voz de mujer.
Sin dudarlo volví atrás y gire, allí estaban, frente a mí.
La mujer ya estaba algo mayor, se parecía un poco a mí, el hombre alto y
barbudo, con un aspecto casi de anciano, tenía en sus manos una carta. La mujer
continúo:
-No nos
conoces, ni nos has visto en tu vida, pero nosotros sí.
Quede muy sorprendida después de esas palabras, y sentía
como un gran oleaje de mentiras en mi vida fueran acabar y realmente tener por
fin un descanso eterno.
-¿Quiénes son? ¿Qué quieren de mí? Les dije,
tartamudeando a penas, por la sorpresa que me habían causado.
-Es una
promesa que hemos guardado durante mucho tiempo, pero tenemos que romperla,
para que puedas irte en paz, lo único que nos interesa es tu felicidad. Dijo la
mujer mirándome a los ojos.
No sabía que decirles, solo esperaba a que ellos me lo
contaran todo de una vez.
-Pues habla
ya. Le dije con un tono más alto y asustada. La mujer empezó:
-El destino
había previsto el nacimiento de una niña con poderes y capacidades muy grandes,
que la llevarían a la muerte a muy temprana edad. Pero los futuros padres fueron
informados de la lamentable notica por una bruja de 150 años. Así fue, la mujer
quedo en gestación y en los sueños le dijeron acerca del futuro que le esperaba
a su hija. Ellos asustados fueron de
nuevo donde aquella bruja, a consultarle si se podía hacer algo al respecto,
para salvar a la niña del destino. La
bruja les contesto muy seria:
-Lo hay,
pero ustedes tendrá que sacrificar sus vidas por la de ella.
La mujer volteo a ver a su esposo, y el asintió con la
cabeza, ella le sonrió, volviendo la mirada hacia la bruja y le dijo:
-Lo que sea
por nuestra hija.
Así Fue, los padres
habían tenido todo previsto para el nacimiento de su hija, una nueva familia,
con la tristeza en sus corazones de nunca poder estar con ella físicamente y
guardar la promesa de que nadie se enteraría. Al nacer la niña, segundos
después murieron y la bruja fue la encargada de hacerle entrega a la nueva
familia. La niña creció e hizo lo que siempre deseo, ser una gran diseñadora y
viajar por todo el mundo. Sin embargo, sus padres siempre estuvieron de algún
modo en cada momento importante en la vida de ella.
Esa niña
eres tú y nosotros somos tus verdaderos padres. Dijo la mujer con la voz casi quebrada.
Me habló de una marca de nacimiento que tenía en el tobillo,
eran cuatro lunares bajando, y con eso le creí. Hasta el momento, todo parecía
mentira, y mi realidad se iba callando poco.
Aquel hombre que supuestamente era mi padre continúo:
-Hace
poco recibimos una noticia, estuvimos preguntando por ti, porque no pudimos
volver a verte. Contactamos a la bruja y ella nos dijo que esto podría ser
causa de que tu alma sabe que se le está ocultando algo, siendo el motivo de no
estar del todo muerta, creímos que esto podría traerte sufrimiento. Entonces,
dijo que teníamos que darte esta carta, que contiene un hechizo muy poderoso el
cual ella hace poco creo. Dijo, que pronunciando estas palabras y uniendo
nuestras manos, podíamos lograr que tú y tu alma por fin descansaran.
Al parecer eran buenas personas, y no perdía nada con
intentarlo, después de todo ya estaba muerta. Sentía en mi corazón unas ansias
por saber más, pero tiempo no había, así que seguimos todas las instrucciones,
paso a paso y así fue. Sucedió lo que la bruja había predicho. Al final mis
padres y yo pudimos rehacer lo poco que nos quedaba de vida en nuestras pobres
almas y por primera vez el destino fue derrotado gracias al amor de padres.
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