LA TRISTE REALIDAD

Por: Lina Lizcano

Era un sábado en la noche, estaba que llovía, y la tormenta arrasaba con lo que encontraba a su paso. Yo un hombre empresario, adinerado, de muy buena familia, decidí entrar al bar que había cerca de donde pasaba, allí llame a la mesera y le dije:
      -Tráeme una botella de vino-  Ella enseguida fue  y la trajo
Esa noche en el bar entraron dos hombres, que se me hacían muy familiares, ellos se sentaron en una mesa que había cerca de donde me encontraba, al ver que ellos dos eran: Tomas y Fernando, mis dos amigos de infancia; que por circunstancias nos habíamos distanciado hace muchos años, me acerqué, les di un fuerte abrazo y les dije:
  -¡Qué alegría y emoción encontrármelos de nuevo, los tres juntos como lo fue en aquellos tiempos de nuestra niñez, quiero que me cuenten ahora mismo que han hecho todo este tiempo!
Tomas respondió:
        -Claro que sí Mateo, yo empezare contando una maravillosa historia.
         - En uno de mis tantos viajes que hice, rumbo a Francia me encontré con un lugar muy bonito, era algo similar a un castillo, allí habitaba una joven con el corazón lleno de soledad, tristezas e infelicidad, por su ventana podía observar extraños que iban y venían por las calles de aquel pueblo  envejecido, anhelando un mundo lleno de sueños e ilusiones, pero en el mismo lugar vive un muchacho que sueña con encontrar una joven que lo haga feliz, ambos son almas gemelas llenas de bondad, con los mismos anhelos por cumplir, pero aún no se encuentran y vagan solitarias soñando con un mundo ideal, y ese personaje soy yo, que no ha encontrado una joven que lo llene de felicidad.

Abrasé a Tomas y serví otra copa de vino y Fernando inicio su relato.
     -Me encontraba en mi oficina haciendo mis labores diarias, cuando oí un fuerte estruendo en la calle, salí y vi edificios, torres, casas caídas, un fuerte huracán dejaba la cuidad en ruinas, salí corriendo a la casa de mis padres que quedaba a unas pocas cuadras de la oficina; pero allí ya había pasado lo peor, mis viejos estaban muertos a causa de un infarto que les ocasiono el impacto del huracán, ya que su enfermedad y edad avanzada les impedía tener todo tipo de emociones, y esfuerzos; salí a la calle triste y vi todo acabado, escombros obstaculizaban el paso y cuando pasaba justo al lado de un edificio este se vino abajo y quede sepultado bajo los escombros, la ciudad se había convertido en un castillo de arena cuando lo derrumbas, todo estaba  por el suelo; la luz del sol entró por mi ventana e irradió mi habitación, me desperté asustado, todo se trataba de un trágico sueño. Me levante, me bañe y me aliste para ir a mi trabajo, pero decidí primero pasar por la casa de mis papas a ver como estaban, abrí la puerta y me di cuenta que no se habían levantado, entre a la habitación, y ahí estaban acostados en la cama, me acerque y los llame, pero ellos no respondían, me fije muy bien en sus cuerpos y me di cuenta de que no estaban respirando, habían decidido irsen al cielo, era algo inexplicable, aunque sus enfermedades iban creciendo cada día más, no pude contener el llanto, abrasé a mis padres lo más fuerte que pude, y rompí unos cuadros que habían en el cuarto, llame a mi jefe y le conté lo que había pasado, cuando me di cuenta los ataúdes de mis viejos, estaban en la casa siendo velados, al día siguiente fueron llevados el cementerio para ser sepultados, no podía creer que mis viejos se me fueran, rompí en llanto, y salí corriendo a un lugar muy lejos, a ahogar la tristeza que sentía, después de un tiempo me mude de esa ciudad y ahora estoy viviendo aquí en New York. Pero aquella pareja no eran mis padres biológicos, ellos me habían adoptado cuando tenía unos meses de nacido, pero me habían brindado todo lo que necesité.

Serví otra copa de vino, y le di un aliento a mi amigo, pues la vida de ellos no había sido tan feliz, Tomas no había encontrado con quien formar una familia, y Fernando había perdido a sus seres más queridos, así que los invite a mi casa para seguir hablando de lo que les había pasado todo este tiempo que estuvimos alejados.









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