Por: Yaiza Yelitza Jimenez Orozco
No sabía dónde estaba ni como había llegado a ese lugar, me
impresiono la cantidad de gente que había en la casa que se veía desde allí.
Seguro era una fiesta, pensé, pero… ¿Qué era una fiesta? Seguí caminando, no
sabía hacia donde me dirigía, me sentí perdida y empecé a temblar de miedo. La
música la escuchaba más fuerte y el ruido de la gente se iba haciendo cada vez
más efusivo. Cuando estuve en frente de la casa, pensé que tal vez ellos
tuvieran algún parecido conmigo, aún
seguía manteniendo la esperanza de que así fuese. Soy mala para la memoria, lo
único de lo que estoy segura es que me llaman Missy y sufro de Alzheimer.
La gente estaba dispersa por todo el frente de la casa, y se
veían muchos carros parqueados en toda la zona, tuve el impulso de entrar a
echar un vistazo y al hacerlo empecé a chocar con las personas, a sentir su
calor y a sentir un olor fuerte de trago y cigarrillo. Creo que la reunión
estaba algo fuera de lugar, de lugar para mí. A pesar de mi esfuerzo por
distinguir caras, no recordé a nadie, eso me frustro, entre en la casa, y pude
ver un mueble de cuero largo desocupado y en lo primero que pensé fue en irme a
sentar en él, y esperar, esperar a que algo genial ocurriera en aquella fiesta.
De momento dos jóvenes, uno peli negro y alto, el otro peli
claro con una chaqueta puesta color azul rey, se acercaron, sentándose cada uno
en un extremo del mueble dejándome en medio de los dos.
- Creo que todo va mal, ayer salí de la universidad y no la encontré por ningún lado, supongo que está huyendo de
mí y no entiendo por qué, si solo fue una invitación a cenar. Dijo el que
estaba sentado al lado izquierdo del mueble, el de cabello negro.
- No creo que así sea, dale tiempo. ¿Sabes?, eso me recuerda mucho una
anécdota familiar. Dijo el del lado derecho.
Estábamos todos juntos en la
cabaña familiar en vísperas de navidad y era tradición de la familia reunirnos
todos para celebrar ese tipo de fiestas, cuando entro mi tío más viejo gritando
a los cuatro vientos: - me ha abandonado - decía - me ha abandonado, no quiero
vivir más.
La historia estaba interesante, quede intrigada, con esa
última parte, espero que no se me olvide tan rápido.
-Mi abuela tan pronto escucho eso, salió corriendo
tan rápido como su vejez lo permitió a auxiliar a su hijo mayor, él seguía
gritando y estaba un poco alterado. Todos quedamos sorprendidos y no teníamos
ni la menor idea de lo que le pudo haber pasado. Después de que él se calmó, mi
madre le pregunto por su estado y él con una voz triste y mirando al suelo le respondió:
- me ha abandonado, está huyendo de mí, dejándome solo con una carta en donde decía,
que se alejaba por amor, que yo merecía algo mejor. Creo que en ese momento le
vi salir una lágrima de sus ojos. Después de esa explicación, quedamos todos
confundidos, nos mirábamos a la cara sin decir nada. ¿Mi tío con pareja? Hasta
que por fin mi madre le dijo: -Jorge Enrique, ya deja de estar buscando novias,
usted ya está muy viejo para que siga en esas. En ese momento todos empezamos a
reír, y creo que mi abuela se enojó, porque le dio un calbazo a mi tío, a final
de cuentas, al otro día me entere de que era una mujer con la cual salía ya
hace algún tiempo y que al parecer ella se había dado cuenta de una infidelidad
que mi tío de le había hecho, siendo realmente el motivo de su abandono. Sin
embargo, mi tío seguía diciendo que estaba enamorado de ella. ¿Algo
incoherente, no crees?
Para mis adentros, pensé que sí. Quien ama no haría nunca
esas cosas.
-Lo creo, cada quien se hace responsable de sus
acciones y sufre los dolores pertinentes.
Por un momento deje de escuchar y me quede observando lo que
sucedía a mi alrededor, todos estaban corriendo de lado a lado y empecé a
escuchar las sirenas de la policía. En ese momento pensé que era una fiesta
ilegal, pero los que estaban conmigo ni se movieron y siguieron conversando
tranquilamente. Empecé a sentir unas pequeñas lagunas en mi memoria, en donde cumplía
15 años, no sabría decirle hace cuanto fue, sin embargo, estábamos reunidos en
una piscina, y veía a mi madre llegar con una torta en forma de una balón de
baloncesto, todos se ponían muy contentos, y yo algo apena, fui hacia donde
ella y la abracé. A veces me pregunto qué será de los que si se acuerdan de mí,
a pesar de mi problema, aún creo en la posibilidad de ser la misma de antes.
Retome la conversación de los muchachos…
-Sigo creyendo que el profesor de biología
le hace falta un tornillo. Dijo el de cabello claro, el que estaba sentado a la
derecha.
-Lo sé - respondió el otro – he escuchado
muchas historias a cerca de él, un poco raras de hecho.
La última que escuche a cerca de él, es que
una vez lo vieron a muy alta horas de la noche, cavando un hoyo cerca de las
zonas montañosas de la ciudad. Decían que ahí enterraba los restos de los
animales muertos que utilizaba para sus experimentos, sin embargo, dicen que
esa vez llevaba un bulto muy raro, en forma de un ser humano promedio, la
persona que lo vio dijo que del asombro no supo donde quedo y lo primero que
hizo fue salir corriendo, pero el profesor se dio cuenta. Al otro día, el
profesor lo buscó en el instituto para ofrecerle dinero a cambio de que no
dijera nada acerca de lo sucedido. El alumno aceptó y le dijo que nadie se iba
a enterar. Por lo visto el maestro perdió el dinero, porque a la semana casi
toda la clase de nosotros ya se había enterado.
-Si, ya lo había escuchado en los pasillos,
dijo el de cabello negro, levantándose del sillón. Vámonos de aquí, la policía
ya llego a molestar.
Y así fue, se marcharon y luego ya no supe que hacer. ¿Hacia
dónde me iba a ir? De repente un celular empezó a sonar muy cerca, revise en la
chaqueta que llevaba puesta, y era el mío. Era un mensaje: ¿Missy dónde estás?
Tu esposo ya salió a buscarte, estamos preocupados, tan pronto leas esto,
llámame.
Hice la llamada correspondiente y al otro lado de la línea,
una voz fina me respondió:
-“Ya era hora, ¿Dónde estás?”.
-No lo sé, respondí.
-“¿Estás bien? Activa el GPS de tu celular
para localizarte.”
Me sentí como una fugitiva de la prisión, pero no quería
estar más allí, así que seguí todas las instrucciones, y así fue, busque
opciones en mi celular y lo active. A los 10 minutos, me llego otro mensaje.
“Ya estoy afuera, sal.”
Busqué la entrada, ya casi todo estaba vacío. Vi una mujer,
un poco vieja, que me hacía señas desde un automóvil color rojo, me acerque a
ella y de momento me abrazó. Tuve la misma sensación del recuerdo anterior,
abrazando a mi madre.
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